Automóviles rápidos, mujeres atractivas, Martinis agitados, no mezclados, un villano terrible, trajes a medida y escenarios exóticos: "Skyfall" tiene todos los ingredientes clásicos de una película de James Bond. Incluso el viejo Aston Martin DB5, conducido en su día por Sean Connery.

Los fanáticos de 007, amantes de los pequeños detalles, no tendrían por qué verse decepcionados. Pero al contrario que en otras ocasiones en los 50 años de historia del agente secreto en la pantalla, el nuevo Bond no necesita todo esto. Pues en lugar del superhéroe, Daniel Craig y el director Sam Mendes muestran un Bond vulnerable y multifacético. Con pasado. Así lo hacen también interesante para los no conocedores de Bond, más allá de estereotipos.

Todo comienza con la supuesta muerte del agente secreto al servicio de su majestad. Después de unas escenas iniciales a lo Bond, con explosiones y una persecución dramática por Estambul, el auto se precipita en marcha hacia el abismo, una de varias referencias al título "Skyfall". Pues la caída desde el cielo es también metafórica: el agente encantador, seguro de sí mismo y siempre triunfante, cae en una profunda crisis personal. No es hasta que el agente del MI6 se convierte en objetivo de ataques de hackers y atentados terroristas que se levanta y resurge de nuevo. "Resucitar es mi especialidad", es su comentario al respecto. Pero tampoco en el MI6 es todo como antes. La película promete otro James Bond, distinto.